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Hermes Rodríguez
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Poemas Cristianos
Soneto al crucificado
No
me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido
Ni me mueve el infierno, tan temido
para dejar, por eso, de ofenderte
Tú,
me mueves, Señor; muéveme al verte
clavado en una cruz y escarnecido
Muéveme ver tu rostro, tan herido
Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera
No
me tienes que dar, porque te quiera,
pues aunque no hubiera infierno, yo te amara
y aunque no hubiera cielo, te quisiera
oo0oo
LA
CRUCIFIXION
Sabiendo ya muy bien que le esperaba
una pesada cruz que había de llevar
y olvidando la injuria contra él levantada
Jesús, el Rey de Reyes, subía al monte a orar.
Y estando él orando, con fuerza abría su boca
y en su oración ferviente decía con ansiedad:
“Sí es posible pasa de mí esta copa,
hágase Padre mío, tu santa voluntad”
No había dicho aún la última palabra
cuando con mucha gente Judas se presentó
y dirigiéndose a él con una vil mirada
con un beso en la frente, al Maestro entregó.
Hallábase ya Jesús en la cruz, crucificado,
en medio de dos ladrones que a causa de su maldad
y para que allí pagasen habían sido sentenciados
a morir crucificados cual pago a la sociedad.
Mas viendo fijamente aquella ingratitud
todos los que pasaban llenos de pesimismo
moviendo sus cabezas le decían a Jesús:
“Desciende de la cruz, y sálvate a ti mismo”.
Mas él en su ¿a tinto amor
alzó los ojos al cielo y pidió a su Padre amado
que si era su voluntad le concediera el perdón
a los que sin razón le habían crucificado.
En un momento imperó el dolor y la agonía
en aquella escena trágica donde un ser inmaculado
solo y triste, sin consuelo, desesperado decía:
“Padre mío, Padre mío, ¿Por qué me has desamparado?
Como señal de protesta tembló la tierra aquel día
y el velo del templo de arriba abajo se abrió,
y fueron hechas tinieblas y un centurión que veía
lleno de miedo decía: “Ese hombre era el Hijo de Dios.”
Pero los que lo mataron se quedaron sorprendidos
al verlo en una mañana resucitar victorioso.
oo0oo
IMPLORACION
Préstame tu música Señor Divino,
préstame tu lira para que te cante,
dile al gran arcángel que acorte el camino
porque estoy muy lejos, estoy muy distante.
Préstame tu báculo, Pastor bendito,
para que no caiga; hay tanto precipicio.
Todos se marcharon aquí estoy solito,
los hombres me miran como desperdicio.
Préstame tu cántaro para que beba
del agua de vida que tu sueles dar.
Agua cristalina que tan solo lleva
al alma sedienta bendición sin par
Préstame tus ojos para que con ellos
pueda ver las glorias de la eternidad.
Con mis ojos veo los destellos
de lo que los tuyos ven en realidad.
Préstame tus labios para hablar al hombre
tu palabra santa, llena de poder,
para que proclame tu sagrado nombre
con más firme acento, sin retroceder.
Tus oídos santos préstame también
para que yo pueda siempre oír tu voz,
pues tu voz divina me hace tanto bien
ya que tú me dices lo que dice Dios.
Venceré los valles, venceré el collado
si también me prestas tus divinos pies,
para que yo nunca corra hacia el pecado,
¡oh, Jesús bendito! préstamelos, pues.
Préstame las células del corazón,
préstame tu mente, préstamela sí,
para que yo viva en santificación
Y ayude a los hombres a venir a ti.
Yo quiero que tu insufles tu poder divino
a mi ser endeble y flaco, porque sé,
que aunque sea estrecho y lóbrego el camino
si tú estás conmigo nunca caeré.
ooOoo
Mantén tu
Fuego Ardiendo
(Francisco E. Estrello)
La
senda se va haciendo impenetrable,
Es un velo de sombras el camino;
A tientas va el viajero persiguiendo
La ilusión que se fue y que ya no vino ...
¡Mantén tu fuego ardiendo!
La
noche se echa ya por las veredas,
El silencio se tiende en los caminos,
Y hay todavía esperanzas rezagadas
Que en carrera agitada van volviendo ...
¡Mantén tu fuego ardiendo!
Hay
tempestad arriba ... ni una estrella ...
Los senderos están resbaladizos
No se distingue nada, ni una huella,
Y un viajero perdido va cayendo ...
¡Mantén tu fuego ardiendo!
Mira cómo el ideal padece frío,
La vida se ha enfermado de tinieblas;
Y ese mal de las sombras va envolviendo
Todo lo que es más bello, hermano mío ...
¡Mantén tu fuego ardiendo!
No
te asuste la noche,
La mañana vestirá luminosa en su alegría;
Pero en tanto la luz va esclareciendo,
¡Mantén tu fuego ardiendo!
Mantén tu fuego ardiendo ...
Defiéndelo del viento, ¡te lo apaga!
Cúbrelo de la lluvia, ¡te lo ahoga!
Y mientras cuesta arriba vas subiendo
O cuesta abajo ya vas descendiendo,
¡Mantén, siempre mantén, tu fuego ardiendo!
ooOoo
A la
Biblia
(Elvira
Vila Massana)
Los cielos cuentan la gloria
Y la majestad de Dios,
Haciendo de El memoria
Aunque no se oiga su voz.
El
sol que tanta alegría
Da a toda la humanidad,
¿No nos muestra cada día
Su clemencia y su bondad?
La Ley de Dios es perfecta,
Que vuelve el alma hacia El,
Y la cambia en pura y recta
Aunque haya sido infiel.
Sus
mandamientos son rectos,
Que alegran el corazón:
Y el que quiera obedecerlos
Hallará gran galardón.
Deseables más que el oro,
Señor, tus palabras son,
Pues no existe otro tesoro
Que dé tal satisfacción.
Son
más dulces tus palabras
Que la miel al paladar,
Por eso yo quiero amarlas
Y ensalzarlas sin cesar.